Sinceramente, el panorama es desolador para quienes hemos superado una determinada edad. Y más lo es para aquellos que, deseando trabajar o no encuentran dónde o ven caer las barreras de sus negocios o buscan en sus bolsillos cómo pagar impuestos. Oír llorar a un autónomo al tener que cerrar su negocio familiar con más de 40 años de vida empresarial, produce intenso dolor ante el mal ajeno. Comprobar que el presupuesto de la Casa Real se congela, tampoco es que sea un gran estropicio. Sin embargo, leer que un ministerio, que solamente emite informes y que nos dice cómo debemos sentarnos, ve incrementado su presupuesto en más de un 157%, es de juzgado de guardia. Su destino pasa por eliminar el rosa de los juguetes, informes sobre los no binarios, más asesoras, más mamandurrias para todo aquel que grite “Viva la República feminista”. Ya no es la republica del proletariado bolchevique, es la república de la progresía y del arco iris. Hay que pensar, sentarse, hablar, leer y acostarse con quién diga la señora ministra sin rechistar. En caso contrario, si alguien se atreve a usar del mote surgido de su casoplón, zasca penal por delito de odio. O sea, en la España del clonado Largo Caballero, se puede homenajear a delincuentes condenados, a políticos republicanos con muertes sobre sus espaldas, a etarras liberados, a los piquetes de huelguistas, a dictadores como Maduro, al pederasta Morales, al corrupto Correa, pero en modo alguno ya no a los pantanos ― ¡Dios me libre! ― sino a Ortega Lara o a Miguel Angel Blanco; eso será delito de odio. Ellos, los que progresan mientras el español llora y quiebra, sí pueden firmar manifiestos dando carné de demócrata, por un lado, y tildando de fascista al que no lo ha firmado. La libertad de pensamiento, de expresión, de prensa, de opinión, por deseo intencionado del comunismo, va a pasar por el cedazo, no de la Justicia, sino del soviet instaurado por un bolchevique que se hartó de insultarnos y que, ahora, con el poder del BOE, no deja ni que mencionen de quién es hijo. El Frente Popular también inició el mismo recorrido de ahogamiento de las libertades del pueblo. La república del proletariado de la Uribarri, no se conformaba con incendiar miles de iglesias y asesinar a miles de ciudadanos, iba más allá del espectáculo. El bienestar socialista, gritaban, se alcanza con la expropiación de la deuda privada, del Banco de España, de todo aquello que produce la riqueza opresora del pueblo, junto con la eliminación de libertad de enseñanza, de religión, de opinión. Y en eso anda el comunista Iglesias, con la inestimable colaboración del único gobernante europeo que se atreve a subir impuestos en plena crisis económica, laboral, empresarial y sanitaria; el narciso Sánchez.
En caracteres chinos “crisis” se escribe “peligro” más “oportunidad”. Sánchez hace meses que los está dibujando en la vida de todos nosotros. Aprovecha la oportunidad del coronavirus y echa mano del peligro de engrosar las decenas de muertes por imprevisión, por incompetencia, por negligencia. Los términos que usa son indiciarios de lo que subyace en el fondo de su ideología política; confinamiento, militar, toque de queda militar, estado de alarma, militar. Todo cuanto puede producir retraimiento en la sociedad es usado por un hombre que carece completamente de escrúpulos, añadido a una absoluta mediocridad intelectual. En estos momentos, España camina hacia los cuatro millones de parados, mientras ha logrado que el gasto de personal de la Administración alcance los 142 mil millones de euros, atendiendo a 3.337.100 empleados públicos, un 21% de los asalariados del país. El resto de Europa no solamente no sube, sino que reduce los impuestos, favoreciendo a las familias, a las pymes, a los trabajadores. Resulta inaudito que la U.E. pueda hacernos entrega de tantos miles de millones de euros para ser manejados por no se sabe quién, al estilo de los famosos expertos de ese “figura” que es Fernando Simón. Por todos los poros de este gobierno y sus ministros se exhala el mismo apotegma; La república ya o la revolución ya o el caos ya. Es decir, el totalitarismo ya, que avanza por medio del desprecio a la libertad de expresión, de pensamiento, de opinión, al tiempo que la imposición da pasos agigantados en todos los órdenes de la vida institucional.
Cerrar España durante seis meses a cualquier control parlamentario, es lograr ponerle puertas al campo de la libertad, de la democracia, del estado de derecho. Esa búsqueda frenética del gobierno social comunista por apropiarse del poder judicial, del poder fiscal, del control de la economía, de la gestión de la empresa privada, incluso de la misma institución que garantiza todos los derechos, el T. Constitucional, es una palmaria demostración de hacia dónde encamina a toda la nación el socialismo marxista de Sánchez y el estalinista de Iglesias. Solamente toparse con los socios que sostienen al gobierno ya debiera ser suficiente para gritar un ¡basta! desde todos los rincones del país. De este trance no saldremos ni con las urnas. Y mucho menos sin arrojo y persistencia. Ni Vox ni PP ni muchísimo menos C,s, con su menina casi invisible, podrán sacarlos de las poltronas. Y mientras el Papa y su Encíclica es puesto en tela de juicio, su apreciado Omella nos recomienda cenar a las 7 de la tarde, horario europeo, para así dormir más. Bella pastoral. Lástima que ello no vaya ni con presidenta de govern ni con director general. Claro, no son creyentes, son socialistas.