Resumiendo, podría definir al año 2020 como el año que vivimos peligrosamente.
Un año bisiesto que ha parecido un año larguísimo lleno de noticias: la pandemia del virus Covid.19 en el mundo entero, el virus de la Corona, las luchas del feminismo, las violaciones de los derechos humanos, las elecciones en EEUU, los presupuestos en España, para contar y no parar.
Entre el marasmo de informaciones, de acciones, de noticias, voy a centrarme en las que, a mi entender, van a condicionar la actividad política, social y económica de nuestro País. Seguramente no son las más importantes, pero son las que yo quiero destacar.
Se dio fin, por fin, al execrable hecho de que la momia del dictador Franco presidiera el Mausoleo del Valle de los Caídos, sacándolo con todas las de la ley, dando así comienzo a un esperado y nunca realizado homenaje a las miles de victimas de una dictadura cruel y despótica que envenenó durante 40 años la vida de los españoles.
Que aun está dando sus últimos y peligrosos estertores de la mano del Partido Popular y de Vox y de una cantidad de militares en activo y en la reserva que la ministra de defensa, Margarita Robles, haría bien en vigilar más de cerca, y como hizo Angela Merkel, que llegó a desmantelar una unidad del Ejército por estar infestada de neonazis, identificar, denunciar, aislar, y anular, porque si no los liquidamos como movimiento, ellos nos liquidaran a los demócratas, haciéndonos volver a una época oscura. No olvidemos que pretenden asesinar, de entrada, a 26 millones de españoles.
Junto con la recuperación del Pazo de Meirás, nos ha dado una luz de esperanza de que estamos en la buena vía para dignificar, de una vez por todas, a las victimas de la infame y cruel dictadura
El Partido Popular, de la mano del fracasado Pablo Casado, el candidato que ha perdido cinco elecciones en un año, ha sido durante todo el año un partido a la deriva, sin rumbo, sin valores.
Los constantes bandazos ideológicos del partido realizados de su mano, el cese de la portavoz parlamentaria, la francotiradora Cayetana, la apelación constante a la crispación, los montajes judiciales fallidos, los malos resultados en las encuestas, la aprobación de la ley de la eutanasia y de los presupuestos generales del estado con su voto en contra, su fracaso en su traidor intento de bloquear las ayudas europeas, y el complejo freudiano ante Vox ponen en cuestión el liderazgo del sucesor de Rajoy.
Todos ellos asuntos marginales, a los que ha dedicado todos sus esfuerzos y su poco saber, y que nada tienen que ver con lo prioritario y urgente: arrimar el hombro para sacar el país de la peor crisis económica, política y social desde la Guerra Civil, cosa que no ha hecho ni por activa ni por pasiva.
El Partido Popular ha hecho gala, durante todo el año, de ser el partido de la bronca, el ruido, la mentira, el oportunismo, la desfachatez, la mala educación y el insulto, actitud propia de personas sin argumentos.
Por mucho que Vox y el conspiranoico Miguel Bosé hayan convocado cien manifestaciones de 'borjamaris', 'cayetanos', y suicidas sin mascarilla, no parece que el sistema sanitario se vaya a colapsar de momento.
Los clamorosos silencios de Felipe VI han sido uno de los protagonistas principales del desdichado año que terminamos, frente a los informes que siguen saliendo en torno a los conflictos que su padre tiene en Reino Unido, Suiza y España con la justicia en las cinco causas que tiene abiertas. No dejan de salir noticias, anteayer miércoles la última, de momento, sobre movimientos de cantidades ingentes de millones de euros de origen más que sospechoso.
Silencio culpable frente a las inquietantes noticias de milicos fascistas en activo y en la reserva ansiosos de una vuelta atrás y cuyas actividades en las redes sociales recuerdan la considerada como el antecedente del 23-F, la 'Operación Galaxia', que supuso un muy serio aldabonazo para la democracia naciente y en la que existe un malhadado antecedente histórico y familiar: su padre estuvo involucrado. ¡No quisiera que la historia se repitiera!. ¿Capisci?