Hemos tenido que soportar una insoportable travesía por Segunda B antes de disfrutar de la primera media hora de fútbol que el Mallorca ha desarrollado cuando más lo necesitaba, en el momento idóneo. De no haber mediado un gol inmerecido por el Mirandés que solo logra maquillar el anticipo de su derrota global, los de Vicente Moreno ya podrían celebrar el obligado ascenso. Muy superiores a los pupilos de Pablo Alfaro, no deberían sufrir en Anduva más de lo necesario y exigido por un rival que, ante su público, se verá en el imperativo de vender caro su pase a la repesca.
No solo ha sido el más importante de la temporada, sino el mejor partido del año. Tal vez favorecido por la rapidez con que Lago Jr, abrió el marcador, vimos a un equipo ávido de triunfo, el anfitrión, frente a un visitante al que pronto le cambió su semblante, de la pasividad al asombro. Los locales siempre estuvieron bien colocados sobre el terreno de juego, adelantando su presión para robar lo más arriba posible y juntando líneas tanto en ataque como en repliegue.
Reina pudo matar el ocio durante toda la primera parte, con una defensa muy tranquila, cuyos laterales, sobre todo Sastre, dejaban en evidencia a sus pares. Salva Sevilla se erigió en el epicentro de una escuadra que causaba estragos por los carriles entre el desorden del otro aspirante. El KO había llegado antes de que. en términos de boxeo, cualquier árbitro hubiera decretado la victoria rojilla a los puntos. El 4 a 0 estuvo más cerca que el 3 a 1 final. Un marcador que concede un cierto margen de vida al derrotado, aunque me temo que ya se la dejó toda en Son Moix.