Decenas de familiares de algunas de las 68 personas que fallecieron el 5 de marzo de 1973 en la colisión de dos aviones españoles cuando volaban en las proximidades de la ciudad de Nantes conmemoraron hoy este siniestro en el pueblo francés que se convirtió en el escenario de la tragedia.
"Estoy muy agradecida" por la organización de los actos conmemorativos por el Ayuntamiento de La Planche, destacó Elena Murano, hija de uno de los pasajeros que iba en el avión de Iberia que se estrelló allí hace 50 años, y que como todos los ocupantes perdió la vida.
En declaraciones a EFE, Murano -que se desplazó a esa localidad junto a su madre, viuda de Domingo Murano- contó que las conversaciones con habitantes que lo vivieron le ha permitido, como a muchos otros familiares, obtener respuesta a algunas preguntas que se hacían sobre cómo se desarrollaron los hechos.
También se dio cuenta de que, como estaban en primera línea cuando ocurrieron, "la gente del pueblo lo tiene mucho más vivo que nosotros".
A la conmemoración acudieron -según el Ayuntamiento- 35 personas desde España, además de once británicos, seis japoneses y varios belgas en un acto que se inició en la plaza del Ayuntamiento de La Planche y que continuó con una ceremonia en la iglesia y luego en el lugar donde hay una estela que recuerda la tragedia, en la carretera de La Robertière, donde se depositaron unas coronas de flores.
Ese fue "el momento más emotivo", reconoció Murano, que recordó que se eligió ese punto para levantar el monolito porque allí se juntaron los cuerpos de las víctimas que habían quedado esparcidos por unos campos de uso agrícola.
RECORDAR A LOS MUERTOS
Más tarde, en una sala municipal pronunciaron sus discursos las autoridades presentes, empezando por Séverine Joly-Piveteau, la alcaldesa de este pueblo de algo más de 2.800 habitantes, que dijo que aunque "los años pasan, tenemos en mente a los muertos de 1973".
En declaraciones a EFE, Joly-Piveteau contó que la principal razón de estos actos en el 50 aniversario era que los familiares pudieran rememorar a los que perdieron la vida en el lugar donde todo ocurrió.
En representación de las autoridades españolas, que han estado muy implicadas en la organización a través del Consulado de París, el embajador español en Francia, Victorio Redondo, transmitió un "profundo agradecimiento" a la alcaldesa y al municipio de La Planche por el homenaje a las víctimas.
Redondo aprovechó también para ensalzar "la fraternidad entre los familiares de las víctimas 50 años después del accidente y el valor de la solidaridad generada con los habitantes de La Planche".
El siniestro se produjo cuando colisionaron en el aire un avión de Iberia que volaba desde Palma de Mallorca a Londres con otro de Spantax, que había salido de Madrid y también se dirigía a la capital británica.
Mientras este último pudo salvar la situación y aterrizar de urgencia, el DC 9 de Iberia se partió en el aire y diferentes partes cayeron en unos campos de La Planche, a una quincena de kilómetros de Nantes.
Murieron sus 68 ocupantes, entre los que había 20 de nacionalidad española (los siete tripulantes y 13 pasajeros). En el aparato había también británicos, japoneses y belgas.
EL RELATO DE UNO DE LOS TESTIGOS
Uno de los principales testigos de la tragedia en tierra fue Jean-Paul Richard, un joven agricultor que vivía en una granja cerca de los campos donde quedaron diseminados los cadáveres de las personas del avión siniestrado, que muchos años después llegó a ser alcalde de La Planche y que ha sido uno de los promotores de esta conmemoración.
Richard explicó a EFE que primero oyó "un 'bang' que parecía un avión que había roto la barrera del sonido" pero unos segundos más tarde se dio cuenta de que una aeronave hacía una maniobra para no precipitarse al suelo, y en paralelo diferentes piezas de otro aparato caían y, entre ellas, vio al menos un cuerpo.
De camino al lugar de la caída, observó ya varios cadáveres, entre ellos los de una azafata. Para avisar a la Gendarmería, tuvo que ir a una granja próxima en la que había un teléfono.
Un poco más tarde, las fuerzas del orden encargaron a Richard y a otros agricultores que recogieran los cadáveres con sus tractores y sus remolques para reunirlos en un solo punto.
Una experiencia traumática que, como él mismo reconoce, le marcó: "Durante mucho tiempo me negué a hablar" de lo ocurrido.