Apenas han pasado dos días desde que ha comenzado el 2014 y ya estoy enfadado conmigo mismo por la poca fuerza de voluntad y escasa moderación con las que lo estoy acometiendo. Cada mañana el espejo me insulta porque ya he renunciado a la mitad de los retos que me había formulado para este año, casi nuevo, al comprometerme erróneamente a dejar casi todo lo que está prohibido, es pecado o engorda. De esto último ni mentarlo, ya que me atormenta más que la resaca provocada por las doce uvas el primero de enero. Con todo, lo que me hace abandonar mi habitual tolerancia es que los buenos propósitos que nos transmitimos días atrás ya se han diluido y siento rabia al abrir los ojos de nuevo. Porque habrá niños que no podrán volver a clase el día siguiente de Reyes, aunque quieran hacerlo. Porque, tras el injustificable cierre temporal de la colapsada justicia, los tribunales volverán a llenarse de imputados, a la espera de veredicto. Porque salí ayer de rebajas, sin creerme que Madrid, Murcia y Andalucía empiezan primero. Porque piden la modificación del proyecto de ley del aborto, aduciendo que los niños no tienen voto. Porque se sigue frivolizando con el paradero de Malén Ortiz, como si se tratara de un juego. Porque los que más tienen se sienten incómodos con el resto. Porque ahora te puedes poner colorado fumando marihuana en Estados Unidos. Porque exigimos electricidad barata, pero con las centrales nucleares en otros reinos. Porque convertimos en ariete un estandarte o un símbolo. Porque este viernes cumple Schumacher 45 años y en la nieve casi nadie lleva el casco puesto. Porque sigue habiendo políticos que hablan mucho, aunque parecen ciegos y sordos. Porque el tahúr Sheldon Adelson aumentó su fortuna en 14.400 millones, mientras exigía garantías a España para invertir en su gran Casino. Porque un año que empezaba en martes y terminaba en 13 no podía ser bueno. Porque sólo oigo hablar de los hijos de futbolistas y modelos, como si fueran el mejor ejemplo. Porque los bancos cobran comisiones de usura a quienes les sacaron del agujero. Porque en las tertulias se descalifica sistemáticamente, sin proponer ningún remedio. Porque tengo la sensación de que esta crisis no ha servido para cambiar los motivos que nos hundieron. Porque en Navidad no he visto reportajes de niños con hambre, mientras llenábamos de basura los cubos. Y, sobre todo, porque estoy tan acobardado por el frío que no salgo a la calle a gritar y, para no decir todo lo que pienso, parezco un trovador escribiendo jeroglíficos.
