20 del XXI: de la infección a la vacuna

El año 2020 empezó con la comunicación, por parte de las autoridades chinas, que Hubei, una provincia de 40 millones de habitantes, estaba siendo azotada por la súbita aparición de una neumonía desconocida y descontrolada. El número de casos crecía de una forma alarmante. Finaliza el año con la administración de la vacuna que la antagoniza. A fecha de hoy se han notificado 80 millones de infectados en el mundo, dos millones en España, con 50.000 muertos.

Un año, desde el prisma humano, social y económico, de profundo dolor, enfermedad y muerte. Un año de paro, de pobreza y de destrucción de la economía. Un ejercicio natural en el que se han disparado todos los indicadores de mortalidad y derrumbado los de calidad de vida y actividades económicas.

365 días, desde el prisma científico jalonado por descubrimientos, avances, progresos continuados en el ámbito del conocimiento y de la industria biotecnológica que han permitido identificar la causa, un coronavirus de nueva aparición, iniciar una carrera hacia la búsqueda de la vacuna, evaluarla en ensayos clínicos y aplicarle el método científico además de conseguir la autorización por parte de las agencias reguladoras de medicamentos. Antes de finalizar el año se ha iniciado la vacunación poblacional en países tan distantes y tan distintos como Rusia, Israel, Estados Unidos, China, Canadá, Reino Unido o Baréin.

Una buena muestra del vértigo con el que suceden las cosas en este siglo XXI. Un buen ejemplo del colchón que tienen las sociedades desarrolladas para amortiguar las consecuencias de la situaciones extraordinarias y extremadamente graves. De minimizar el enorme daño de las catástrofes y de reponerse a ellas.

Hemos tenido oportunidad de leer mucho sobre la enfermedad, sus características, su etiología, su evolución, las teorías sobre su evolución natural y la forma de hacerle frente. Algunas consideraciones desde la ciencia, otras desde la ocurrencia, otras desde la imaginación y otras de la distorsión y la confusión.

Las vacunas que se van aprobando en los países democráticos cumplen con los criterios de eficacia y seguridad para ser administradas a la población sin mayores precauciones que las que se toman para cualquier tipo de vacunación. Son decenas de vacunas creadas con procedimientos y técnicas distintas con un objetivo común. Las que se van aprobando no difieren de forma significativa en la seguridad y eficacia.

Las sociedades desarrolladas subrogan a la comunicación y al beneficio político cualquier actuación. Esto es así, e independientemente de cómo lo veamos, hay que entenderlo. Esto no genera confianza pero no pone en duda la validez de las vacunas puestas a disposición de los ciudadanos y la consecución del objetivo primario, frenar la expansión del Sars-Cov2.

Como sucede habitualmente, irán apareciendo nuevas informaciones postautorización que ayudarán a definir poblaciones tributarias de ser vacunadas por uno u otro método, afinar los porcentajes de efectos secundarios, priorizar determinadas técnicas y procedimientos, ajustar precios y seleccionar las mejores vacunas. La carrera ya ha virado, de ser la primera hacia demostrar que es la mejor.

Se tardarán muchos meses antes de conseguir el freno definitivo al contagio. Se tardarán años en recuperarnos de las consecuencias de la brutal pandemia.

Mientras esto suceda no queda otra que seguir las recomendaciones de científicos y autoridades y hacer de la prudencia nuestra norma de conducta y afrontar con responsabilidad colectiva el 2021.

Buen finde ... año y venturoso 2021.

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