Se acaban de sortear los Presupuestos Generales del Estado y en Baleares andamos buscando un reintegro, la pedrea, cualquier cosa que llevarnos a la boca. Pero nada, no salimos premiados en ningún periódico. Antes era más sencillo que nos tocara algo. Bastaba tener un ministro del terruño que metiera nuestra bolita en el bombo, y algo caía a lo largo de la legislatura. Hemos tenido pocos. El último fue Jaume Matas y fíjense cómo acabó. Ahora, si a uno de los nuestros lo nombran jefe de gabinete ya aparece en las portadas de los medios locales. Descendemos en el escalafón del Poder Ejecutivo al mismo ritmo que nuestro PIB regional.
La meritocracia supuso una revolución que acabó con un sistema aristocrático de privilegios para acceder a los puestos de poder. Pero los tiempos cambian que es una barbaridad y ahora la izquierda posmoderna ha llegado a la conclusión que “el gobierno de los mejores” es un invento para perpetuar las desigualdades sociales y económicas.
Primero descartamos la riqueza y la posición social como factores para establecer una jerarquía. Las democracias liberales fueron perfeccionando reglas y ayudas para garantizar la igualdad de oportunidades, y algo se debió hacer bien para que un negro inteligente y trabajador acabara residiendo ocho años en la Casa Blanca, a pesar del racismo de una parte de sus compatriotas.
Obama llegó a presidente de los Estados Unidos por sus habilidades y su talento político. Ahora la izquierda radical nos explica que su elección perpetuó el elitismo porque había estudiado en Harvard. Becado, pero en Harvard. En una sociedad realmente igualitaria la presidenta debería ser Ada Colau.
Sea como sea hay que seguir nombrando altos cargos. Y si el mérito o un curriculum brillante -como la raza o el sexo hace siglos- consagran la desigualdad, yo propongo que los ministros se designen en función de su lugar de nacimiento, uno por comunidad autónoma. Para empezar ya nos ahorraríamos cinco ministerios de los 22 actuales.
Hoy tenemos gallegos y gallegas merodeando La Moncloa, pero ni rastro de ministros mallorquines, ni secretarios de estado. Aunque suene increíble, hace un siglo había ministros de Pontevedra en gobiernos presididos por un mallorquín. Julio Camba dedicó una de sus columnas desternillantes a Augusto González Besada, un pontevedrés ministro en un gobierno de Antonio Maura. Besada mandó construir en su provincia el Instituto provincial, un cuartel, el malecón, el ferrocarril a Ribadavia…
Camba se mofaba en su artículo diciendo que entendía la admiración y agradecimiento del todo Pontevedra por Besada, pero seguramente en Oviedo se ciscaban en él por su trato desigual. Es curioso porque años después a Besada lo nombraron hijo predilecto de Asturias por las mejoras en los puertos de Ribadesella, Villaviciosa y Gijón, y por el desarrollo de la red ferroviaria en el Cantábrico.
Me vengo a referir a que ya estaría bien que cada ministro, como Besada hace un siglo, se dedicara a beneficiar en primer lugar a su comunidad de origen y al año siguiente se pusiera con las demás, o al menos con alguna otra. Me parece una manera mucho más equitativa de repartir las inversiones que la actual, donde la inmensa mayoría quedamos a merced del chantaje de minorías que no contemplan el interés general del país, ni la vertebración del estado, ni unos servicios públicos o infraestructuras mínimamente homogéneas en todos los territorios.
Aún peor, son minorías que basan su éxito político en la desintegración de aquello que nos une a la mayoría. Al PNV se le ha cara de novia despechada, porque en esta negociación el éxito aparente -lo de los presos de ETA va por debajo de la mesa- se lo ha llevado Bildu al lograr que en Navarra se vean dibujos animados en euskera. ERC ha conseguido series dobladas en catalán y que la comisaría de Policía de Via Layetana, ya que no pueden demolerla o cerrarla, se vaya cayendo a trozos. Así se construye una nación, y no ampliando un aeropuerto.
Escribió Camba en 1908 que “Galicia no necesita de regionalismo. Lo que necesita son hoteles y ferrocarriles”. Esto vale hoy para Galicia, para Baleares y para toda España. Y encima nosotros les cedemos hoteles, que ya tenemos suficientes. A mi un ministro de Teruel que lleve hasta su pueblo el AVE me parece bien, si al año siguiente nos completa la línea hasta Alcudia y financia el tranvía de Palma al aeropuerto. Estoy a favor de una ministra de Zamora que destine millones a la educación de los niños en la España vaciada, si después nos construye cinco institutos en Baleares, la única comunidad donde crece la población joven. O sea, un gobierno de besadas mejor que de rufianes.