Ñaco Fabré o los espacios que ocupan las líneas

Ñaco Fabré MDarte

Se me ocurrió visitar el estudio de Ñaco Fabré para realizar una de las entrevistas en nuestra colección de MD Arte en Mallorcadiario. Para ello me desplacé hasta Inca, donde ahora tiene su cuartel general. Era un día frío y gris de febrero, un mes en el que no ha caído una sola gota de lluvia. Aparqué delante de un local según me indicaba el GPS, la puerta se abrió y oí que alguien pronunciaba mi nombre…

Es aquí, has acertado. Me dijo, desde el quicio de la puerta.

Esto era una antigua fábrica de zapatos y la he reconvertido. Es un espacio donde me siento cómodo, tanto para vivir, como para trabajar.

Al entrar me encontré con esculturas blancas, fijas y colgantes, obras de diferentes épocas, libros, catálogos, pinturas suyas y de otros artistas, mesas de trabajo, pinceles y otros ornamentos y muchos recuerdos repartidos a lo largo del recorrido visual, en diferentes estancias interiores, envolviendo un patio que las proporciona luz natural a cada una de ellas.

Fíjate en esta escultura que pende de un hilo, con un leve movimiento, va determinando un espacio y en la siguiente milésima de segundo, gira y cambia de escena y así continuamente, sin repetirse nunca. La mueve una simple brisa o aunque sea la persona que la mira, un paso atrás o un paso adelante. Las sombras que intervienen, los espacios desocupados.

Ignacio Fabré De Balanzo conocido artísticamente como Ñaco Fabré, nace en Palma en 1965, en una época en la que en Portals Nous, Mallorca, se filmaba la película El Mago, de ahí el nombre que le quedó a la playa, con Michael Caine, Anthony Quinn y Candice Bergen, ese año 1965, se colocaba en la Plaça de Sant Francesc, una estatua que recuerda a Junípero Serra, fundador del estado de California, se celebraba la segunda edición del Festival Internacional de la Canción de Mallorca, de donde salió el tarareado; Me lo dijo Pérez, la música de la isla vivía su esplendor de pop y rock con un sinfín de grupos y bandas y gracias a los periodistas Miquel Vives y Miguel Soler, algunos tuvieron repercusión nacional, en aquella época Mallorca era un paraíso y estaba en pleno auge el bikini, la minifalda, las suecas, el hippie, la Vespa. La mano de obra se encareció, poca gente quería trabajar en la construcción, y sí querían hacerlo en la hostelería, aumentaba notablemente la demografía, la Isla de la Calma se estaba convirtiendo en una potencia turística, más de un millón de turistas escogían Mallorca. The Beatles visitaban España por primera vez, se acuñaba el slogan; Haz el amor y no la guerra, con la protestas por la guerra de Vietnam.

¿Por dónde nos llevarían sus primeros recuerdos?

A caminar con mi padre y a pararnos frente a las tomateras. Es un lejano recuerdo de cuando tenía solo tres o cuatro años, mi padre frotaba el tallo con la yema de los dedos y me lo daba para oler, al igual hacía con el hinojo, decía que así aprendíamos a tener buen olfato y que este aroma quedaría en la memoria. Vivíamos en la zona de Son Dureta y pasábamos muchas horas jugando en el bosque y a veces pienso que ha sido muy influyente en mi trayectoria, en mi gestualidad pictórica. Igualmente cuando fui al Colegio San Luis Gonzaga, el recreo lo hacíamos en el bosque de Bellver. Siempre he estado enamorado de ese bosque, a veces incluso siento nostalgia. Era la visión de un mundo protegido por los árboles.

Ha mencionado bosque, árboles. ¿Qué puede contarnos de su árbol genealógico?

Fernando era el nombre de mi padre, industrial de profesión y natural de Barcelona. Le gustaba pintar, de hecho siendo un niño, gané un concurso en el barrio de El Terreno con un bodegón que copié de una obra suya.

Nena Balanzo era el nombre de mi madre. Veraneaban en Formentor y se casaron en Mallorca. Tuvieron siete hijos y yo soy el más joven.

Mi bisabuelo fue el traductor de la obra la Divina Comedia al catalán.

A los once años le inscriben en Bellas Artes para aprender dibujo.

Ñaco, artista, pintor, dibujante, escultor, pensador, hablador, zurdo, ojos de tono gris azulado claro. A los veintidós decidió que sería pintor.

¿Te apetece un café? Sí, le contesté, llevaba un rato oliendo a café recién hecho.

Mientras lo prepara, observo que en la estantería tiene varios catálogos del fotógrafo francés; Jean Mari del Moral y sobre la mesa, unos libros que son parte de las ediciones de la revista; Papeles de Armadans que Camilo José Cela puso en marcha en 1956.

Jean Mari del Moral ha fotografiado a algunos de los más importantes artistas, como Picasso o Barceló y para mí ahora es un honor que haga un trabajo sobre mí.

En relación a esta colección de revistas encuadernadas, un hermano mío que sabe cuánto aprecio este tesoro, me los ha regalado.

Durante su existencia hasta 1979, la revista dirigida por Cela, editó contenidos memorables, con “dibujos y escritos de Picasso”, “dibujos y litografías de Joan Miró”, un monográfico a Vicente Aleixandre, textos inéditos de Machado, “Trozo de piel” con textos de Cela y dibujos de Picasso, y firmas como Dámaso Alonso, Sánchez Ferlosio, Cernuda, entre otros.

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En esa evolución que va desde el paisaje clásico, la acuarela, y me dice que a base de obstinación, llega a la caligrafía con la que hemos identificado su obra durante los últimos años, un bosque espeso de ramificaciones y gestos… supongo que el nuevo cambio que le conduce a: El patio de las palabras, es lo que usted denomina “siempre buscando”.

Sin duda. El artista tiene la obligación de ser un insatisfecho, nunca puede conformarse, debe investigar alrededor de la imperfección, de interiorizar constantemente, de exponerse abierto en canal y examinarse o que le examinen. No cabe otra que explorar y sí ha habido antes un periodo gestual y caligráfico y ahora me adentro en la abstracción geométrica, no quiere decir que no pueda regresar al lugar anterior. Pero necesitamos movernos de una atmósfera a otra y no rendirnos, ni acomodarnos. La perspectiva lineal me ofrece numerosas posibilidades, en la pintura y en la escultura.

Un mosaico que define espacios de colores y luces sobre un fondo plano y en el que el artista representa objetos bidimensionales y tridimensionales. El espectador planea sin gradación sobre sombras transparentes, colores que dialogan entre sí y aunque en sus tradiciones sean incompatibles, ahí dejan de serlo. El creador se abstrae, se inhibe desde el aura que proyecta, se distancia para que la obra tenga todo el protagonismo.

Permítame regresar a tiempos pasados. Usted a los diecisiete años era músico y me comenta que presumido, como su abuelo.

¡Bueno! Presumido y músico. Teníamos un grupo musical, luego otro, fundamos varias bandas de música rock y era una época de diversión, ensayos, actuaciones. Yo era un enamoradizo de la vida y de la belleza, pero como decía Machado; todo pasa y todo queda.

¿Cuál es su punto de vista del estado actual de la cultura?

Voy a referirme a nuestro público más cercano. La cultura y el arte viven en eterno sufrimiento, han dejado de ser una prioridad, es una pena, pero esa es la realidad. Es evidente que la pandemia ha influido y hay artistas que lo están pasando mal y me refiero a gente no intrusa. Hoy en día se compra primero el sofá y luego el arte que combine bien con el mueble en cuestión y quien entiende de eso, sabe que primero debe colocarse el arte. Recuerdo que en mi primera exposición se vendió todo y esto en la actualidad es prácticamente imposible. Antes había también coleccionistas de las islas, y esos que ido desapareciendo.

El carácter isleño ¿tiene que ver con esa indiferencia?

Es posible. Tenemos museos importantes y muchos mallorquines no los conocen. Creo que nos implicamos poco con nuestra cultura. Aquí en nuestra tierra nos cuesta ser profetas. Pero la belleza del Mediterráneo nos retiene como decía Andreu Ferre.

Las obras de este Académico de la Reial Académia de Belles Arts de Sant Sebastià de les Illes Balears, forman parte de colecciones públicas, privadas y de museos en distintos lugares del mundo, así como sus exposiciones individuales y colectivas (con artistas de los cinco continentes) que detallan un largo historial de premios y reconocimientos, desde las ciudades mallorquinas, Palma, Calviá, Inca, Manacor y prácticamente en todo el territorio, a Menorca, Ibiza, a Pamplona, Barcelona, Madrid, The American University of Paris y en varias galerías de París, Valencia, en numerosas localidades de Alemania, de Suiza, de Bélgica, de Francia, de Estados Unidos, de Italia, de Argentina, en Madrid, Sevilla, Marbella, Londres, Murcia, Corea, Uruguay, Lisboa, A Coruña, Santander, Valladolid, Girona, entre tantas.

¿Qué puede contarnos de su descendencia?

Que me siento orgulloso de mis tres hijos. Elías tiene 25 años y es pianista de carrera y está trabajando en Barcelona en un proyecto de música electrónica, Román 22 años, es pintor, trabaja en una galería de arte y tiene muy claro hacía donde dirigir su rumbo, mi hija Olivia, 18 años, estudia cine.

¿Qué aficiones practica?

Cinco, y acaban todas con erre; leer, correr, nadar, pintar y amar. Por eso las llamo; las cinco erres.

¿Cuál es su libro favorito?

El Quijote de Cervantes

¿Su película favorita?

El cielo protector de Bertolucci

¿Un capricho gastronómico?

Pan tostado con aceite y sal. Una delicia.

¿Rememore alguna ocasión en la que se ha sentido impactado visitando una exposición, una obra, un estudio?

La última vez que visité el Centre Pompidou de Paris, para acudir a una retrospectiva del británico David Hockney, era octubre de 2017 y se exponían pinturas, fotografías, grabados, diseños, instalaciones, vídeos, en un repaso a ochenta años de trayectoria. Todavía se me eriza la piel.

Le pido que abra su cuaderno secreto y me descubra a algunos de sus artistas preferidos…

Debo ser riguroso y coherente para confesar esos nombres, por la influencia que han tenido en mi carrera:

Iría del paisajismo de William Turner y Paul Cézanne al constructivismo de Kazimir Malévick, de la pintura de poeta de Joan Miró y Paul Klee, a los campos de color de Mark Rothko y el informalismo de Cy Twombly, y de la abstracción de Ellsworth Kelly y Pablo Palazuelo a la pintura espacial y geométrica en la que me desenvuelvo en la actualidad.

Hay otros artistas que me agradan, pero no con esa determinación:

Johannes Vermeer, Goya, Picasso, por ejemplo.

Ñaco es un ser prudente, culto, oyente y hablador en la misma medida. En una reflexión confirma que el arte y la vista confluyen en la coherencia.

Cuando he entrado me ha parecido ver obras embaladas…

Sí. Todas ellas forman parte de una nueva colección que será transportada a Felanitx para una cercana exposición.

En ese momento, me propone un ejercicio de atención…

Unas esculturas de madera que en uno de los laterales están pintadas y colocadas cerca del ventanal de tal forma que proyectan una sombra rojiza o azul sobre el blanco impoluto de la pared.

Esto, es parte del trabajo que realizo sobre la ocupación de espacios tanto en pintura como en escultura. Perspectivas, movimientos, gestos, silencios, sonidos, olvido, estructura, diálogos, paciencia, resonancias, reflejos, sombras, digámosle; arquitectura poética.

El proceso creativo de Ñaco no se detiene, él sabe que el tiempo es un enemigo imposible de engañar.

Prepara la reapertura del Museu Contemporani de Ca’n Prunera de Sóller, esculturas blancas, elaboradas en acero y aluminio.

Ya tengo el título; Elogio del aire, y tan pronto sea posible se hará la muestra. Espacios dimensionales que transitan por la memoria.

Dígame algún momento de gran satisfacción…

Es una sensación que siempre me ocurre cuando trabajo con la obra gráfica, me siento libre.

Hemos llegado al final de la entrevista, le comento, cuando él me hace referencia a una botella de vino que hay sobre un estante, de la Bodega Macià Batle de Santa María.

He sido el artista escogido por la bodega, para diseñar la etiqueta de la colección privada de este año y tiene mucho que ver con mis últimas creaciones geométricas. Es un orgullo para mí.

Me marcho complacido de haber podido compartir unas horas con este calculador algebraico, con este matemático de colores y de fórmulas, con este equilibrador de simetrías y proporciones. Una vez más me ha sabido a poco y el tiempo ha volado demasiado deprisa.

Texto: Xisco Barceló

Fotografías: Francisca R Sampol

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