Los bancos ya no quieren su dinero

Si pregunta a cien personas cuál es la función principal de un banco, todos dirán que es custodiar nuestro dinero. Si permiten que les cuenten más utilidades de un banco, muchos contestarán que es ofrecer financiación y productos financieros diversos. Muy pocos les dirán que, tal y como está montado el sistema monetario actual, son los principales creadores del dinero en circulación. El dinero está, por si no lo sabía, basado en la deuda.

Con los depósitos de los ahorradores, los bancos guardan una parte pequeña y prestan el resto, creando así nuevo dinero. A los depositarios iniciales les pertenece el 100% del dinero que dejaron en su cuenta a plazo fijo y los nuevos prestatarios deberán devolver un dinero que hasta ese momento no existía. La mayoría del dinero existente en todo el mundo se ha creado de esta manera, por lo menos hasta la inundación de billetes provenientes de los bancos centrales que ha traído consigo la pandemia.

Pues bien, los bancos ya no quieren nuestro dinero. El gigante financiero JP Morgan está diciendo a sus principales clientes que quieren depositar su dinero algo así como: “Lléveselo a otro banco, por favor”. Otros le seguirán.

Están inundados de billetes y, al ser los tipos de interés cercanos a cero, no le pueden sacar rendimiento como antes. Hasta hace poco, su negocio era pagar poco por los ahorros y cobrar un interés superior por dar préstamos. Se acabó.

Esta inédita situación se denomina crisis de liquidez inversa. Hasta ahora, en una crisis económica, el dinero se convertía en un bien preciado. Ahora, hay tanto que molesta.

Estamos ante un momento crítico para el sistema monetario. El Gran Reseteo está aquí, el dinero, tal y como lo conocemos, está herido de muerte y ahora los bancos no lo quieren. Las criptomonedas acaparan cada vez más los ahorros de los inversores y los bancos centrales van a tener relación directa con los ciudadanos cuando aparezcan los CBDC (divisas digitales de los bancos centrales) que, parece ser, sustituirán a los billetes actuales.

Algunos como el Deutsche Bank han visto las orejas al lobo y van a ofrecer este año una plataforma para custodiar y comercializar criptomonedas. ¿Quién lo iba a decir? La banca tradicional dando su brazo a torcer. Si no puedes con tu enemigo, únete a él. Un movimiento inteligente de Deutsche Bank que se anticipa hacia donde va el futuro. Y es que, a pesar de que el Banco de España se esfuerce en intentar parar este fenómeno que son los criptoactivos, intentando infundir dudas por su elevado riesgo, el camino está marcado. La demanda de criptomonedas va creciendo sin parar. De ahí que estemos viendo disparates como que la cotización de bitcoin (BTC) haya superado los 53 mil dólares. Sí, ha oído bien, 53 mil dólares se paga hoy por un activo que ni puede ver ni le va a servir para mucho en su día a día.

De este tema hablaré en otra columna pero no me cabe ninguna duda de que estamos ante una burbuja con final desafortunado.

La blockchain y algunas criptomonedas son proyectos interesantes. Algunos perdurarán pero necesariamente tiene que haber una criba. Cuando el líder de la manada (BTC) está tan sobrevalorado y no presenta una utilidad clara, algo está fallando. Porque eso es así, BTC no sirve para nada más allá que alimentar la idea de que es una reserva de valor. Ahora goza de la total confianza de los fondos de capital y desde la reciente entrada de Tesla, también de las grandes empresas pero, créanme, una falla de seguridad, una restrictiva regulación o la retirada de los derechos de la marca bitcoin pueden hacer perder la confianza de quienes invierten en él. Y no se crea que podrá retirar sus fondos cuando eso pasé. El desplome será inmediato. El pasado domingo The Times sacó la noticia de que el autoproclamado inventor de bitcoin lo considera un esquema Ponzi y, como todos los esquemas piramidales, acabará explotando. Ahora va de juicio en juicio intentando demostrar su autoría sobre bitcoin. Si sale como predice, lo siguiente es retirar la marca bitcoin a esa moneda que cotiza a más de 53 mil dólares.

Pero este tema lo trataré otro día. Hoy ocupa hablar de bancos y del dinero que no quieren. La pregunta que me surge es, si una industria da la espalda a su principal materia prima ¿qué futuro le depara?

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