Pocas veces escribo sobre deporte en esta columna de opinión pero en esta ocasión lo hago desde el más absoluto de los orgullos; hace escasos dos días don Rafael Nadal, un humilde brillante deportista ganaba su cuarto US Open. Creo que no nos acabamos de creer la dimensión mundial de este deportista; cuando yo era niño los mayores presumían de haber visto jugar a Di Stefano, ya ven, yo he visto jugar a Nadal y además nació en este pequeño país y está orgulloso de ser español. No vean una intencionalidad política en ello.
Política y deporte deben ser como el aceite y el agua puede convivir pero jamás se mezclan. Los intentos de mezclarlo siempre han fracasado y no es necesario remontarse a la Olimpiada de Berlín...
Me siento desde hace mucho una persona privilegiada a pesar de las cicatrices inevitables que uno arrastra de la vida. No albergo ningún motivo de queja sino que estoy orgulloso de muchas cuestiones; una de ellas es de ser socio del Club Náutic S’Arenal, el mejor club de vela de España y de los mejores de Europa.
No tenemos himno pero tenemos un gallardete que nos identifica allá donde vamos a regatear. El equipo de regatas de nuestro Club este verano presenta unos resultados que estoy seguro muy pocos clubs de cualquier modalidad deportiva puede presentar.
Una adolescente llamada María Perelló ha ganado, por tercer año consecutivo, el campeonato del mundo de Optimist. Andrea Perelló (junto con Neus Ballester –hija esta de dos grandes de la vela mallorquina-) son campeonas del mundo sub17, campeona de Europa juvenil y subcampeona del mundo juvenil de 420.
Conrad Konitzer y Fernando Rodríguez campeones de Europa y bronce del mundo del mundo en 420 (mi clase en mi juventud). Cristina Vilariño medalla de bronce en el mundial de laser 4.7 sub 16; Naiara Fernandez 5ª en el Europeo de Techno293. Paula Barceló (también hija de dos grandes) quinta en el test preolímpico y Marta Cardona y Pau Mesquida fueron bronce por equipos en el europeo de Optimist.
No les quiero aburrir con campeonatos de España y de Baleares y trofeos sociales, me he centrado en lo grande ya que los han conseguido todos esos deportistas, y muchos otros que quedan en el tintero, es muy grande. Conozco a regatistas muy buenos que no lograron un Campeonato de Baleares, ya no les digo un nacional o mundial.
Esos resultados, como los de Rafa Nadal, nunca son fruto de la causalidad o de una simple genialidad; en mi Club siempre se ha regateado, siempre es siempre, en los años sesenta Antonio Galmés, Juan Vich (ambos después serían presidentes del club), entre otros, nos representaban en mundiales en Francia; los Optimist eran de madera para ser después plastificados por un personaje de leyenda, Manuel Reyes (el señor Reyes, aún perdura en el Club el cuarto de Reyes!!!). Siempre le tuve en gran estima y me enseñó a apreciar el sabor de los erizos de mar.
Vi regatistas como Santi Cañellas, los Pujaltes y Dorín, Chaca, entre muchos otros; el primer Finn con Telm Tomás y asistí al funeral, el primero de demasiados, en el varadero un frío día de diciembre de Toni Ferrer, Campeón de España de Finn y que pudo haber sido olímpico. Era nuestro ídolo.
No escribo desde la nostalgia sino desde el recuerdo de un Club que ha hecho las cosas bien desde sus inicios por los socios fundadores hasta las últimas juntas directivas, siempre han pensado más en deporte que en cuentas de resultados.
No hay lugar a la improvisación, se trabaja con método y con los mejores entrenadores para los mejores deportistas, aunque la vela tiene una parte que no se puede enseñar pero si aprender, oler el viento. Los resultados salen del esfuerzo y de la constancia, como todo en la vida.
Estamos ante un colectivo de regatistas de menos de veinte años que auguro darán, aún más, días de gloria a nuestro Club y como Rafa Nadal, a Mallorca y a España; sólo naturalmente si los políticos no se entrometen. Yo contaré que vi navegar a infinidad de grandes regatistas y con alguno intenté competir. El CNA es un gran Club y me llena de orgullo ser socio. Que pasen un buen día.